Unas quinientas personas se congregaron este viernes de San Valentín en la ciudad de Parkland, en el sur de Florida, para rendir tributo a los 17 estudiantes y empleados que murieron hace dos años en una de las peores masacres de la historia reciente de Estados Unidos.

“Muchos de mis amigos tienen Síndrome de Estrés Postraumático”, dijo Jillian Gelfand, una exalumna de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas que no estaba en el edificio el día de la masacre el 14 de febrero de 2018, cuando un antiguo alumno irrumpió y abrió fuego con un fusil semiautomático.

Gelfand tenía corazones de colores en el rostro y los nombres de las víctimas escritos en sus brazos.

“Por supuesto que nos duele más el día del aniversario, pero esto es algo que cargaremos por mucho tiempo”, añadió la joven de 19 años. “No creo que nadie se sienta completamente seguro después de que pasó esto”.

Al caer la tarde, líderes espirituales de varias religiones celebraron un servicio en el parque Pine Trails, vecino a Marjory Stoneman Douglas y lugar de encuentro de los dolientes. Muchos llevaban las camisetas vinotinto distintivas de la escuela y algunos tenían en la espalda escritos los nombres de las víctimas o mensajes contra la venta de armas.

Entre el público circulaban gran-daneses, galgos y labradores entrenados para ofrecer consuelo, conocidos como “perros de terapia”. Se mezcló entre ellos también un cerdo terapéutico, llamado Patches, que se dejaba acariciar con paciencia por los jóvenes estudiantes de Marjory Stoneman Douglas.

Algunos de ellos lloraban abrazados durante el servicio religioso.

“Todavía hay niños que están sufriendo”, afirmó a la AFP Cathy Stamm, una residente de Parkland que no quiso decir su edad. “¿Cómo luego de pasar por algo así podemos decirles [a los niños] que todo estará bien?”.

– Jaime no –

Autoridades de la ciudad y organizaciones no gubernamentales celebraron otros eventos de tributo y curación emocional para los sobrevivientes y los familiares de las víctimas.

Entre ellos, la organización caritativa local Food For The Poor reunió a decenas de jóvenes de Parkland en un gimnasio para preparar 116.000 paquetes de comida que sería luego enviada a Haití.

“El duelo nunca va a terminar, la cicatriz va a ser profunda”, dijo a la AFP el presidente de la ONG, Ed Raine. “Pero si lo piensas de esta manera, por un lado se perdieron 17 vidas y por el otro solo hoy seremos capaces de alimentar a miles de personas”.

El tributo no tuvo el carácter político que caracterizó los días siguientes al ataque hace dos años, cuando los sobrevivientes de Parkland reactivaron con energía el debate sobre las armas que divide a Estados Unidos. Su porte y venta libre está garantizado por la Constitución.

Pero en los últimos días, el debate se renovó cuando Fred Guttenberg, el padre de una estudiante de 14 años que murió en el ataque, interpeló al presidente estadounidense, Donald Trump, durante su discurso del Estado de la Unión.

El 5 de febrero, mientras Trump hablaba sobre la importancia de defender el derecho constitucional de portar armas, Guttenberg, quien estaba en el público, le gritó reclamando algo vinculado a su hija y fue luego expulsado del lugar.

Este viernes escribió en Twitter un homenaje a su hija. “Hace dos años, aproximadamente a las 7 de la mañana, envié a mis dos hijos a la escuela”, escribió. “Estaba tan ocupado apresurándolos para que no llegaran tarde que mis últimas palabras no fueron ‘te quiero’. Jesse volvió a casa ese día. Jaime no”.

Solamente el año pasado, en Estados Unidos se registraron 417 tiroteos distintos, según la organización Gun Violence Archive (GVA). 

El mes pasado se estrenó en el festival de Sundance el documental “Us Kids” sobre los estudiantes de Parkland, quienes catapultaron el movimiento liderados por Emma González, ahora de 20 años y con su característico cabello al ras.